September 26 de 2006

Se presentó el libro Castillos en la arena

Por Cristina Pérez-Stadelmann - Noticias Imprimir

Castillos en la arena, de Cristina Pérez-Stadelmann, es un libro bien escrito; que tiene el deseo y el amor, que le da un sabor agridulce, señaló el poeta Antonio Deltoro sobre este poemario dado a conocer el jueves 7 en el Museo Mural Diego Rivera, como parte de las actividades de la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), informa Coordinación de Literatura.

Dijo que la escritura de un poema es como una partitura musical, indica al lector cómo leer el poema y en este caso va muy aliado forma y contenido; “parece que es una bitácora del deseo en todas las acepciones y situaciones humanas, pero se nota claramente que está escrito por una mujer. Esto no quiere decir que sea una poesía simplemente de género”.

En la poesía de esta escritora, advirtió Deltoro, hay una amargura, se percibe una dialéctica entre el encuentro y el desencuentro; un juego profundo en donde juega con la vida y la muerte, como se detecta en su poema “No me lo puedo explicar”.

Acompañaron además a Cristina Pérez-Stadelmann (Sao Paulo, Brasil, 1961, y avecinada en México desde hace siete lustros), Armando Oviedo (narrador y crítico literario); Óscar Wong (poeta, narrador y promotor cultural) y David Rincón (coordinador editorial de Fontamara-Coyoacán, que edita Castillos en la arena).

Oviedo comentó que no es la primea vez que Cristina Pérez-Stadelmann se adentra en el lenguaje poético; ya sabe de uniones y destrucciones, pues sus dos poemarios anteriores Azulado y La iniciativa de los besos, muestran al menos dos de las preocupaciones constantes de la poeta: juega con el fuego de las palabras y la debilidad o propensión, según se vea.

“Como sus dos antecedentes literarios consignados, en Castillos en la arena la poeta habla por la herida del beso y desde el consuelo de la caricia; toma como mediador en las platicas de amor a los besos”.

La autora estructura su libro en dos partes que, para mi gusto, dijo Armando Oviedo, “presentan un orden invertido”. La primera sección “Tiempo transcurrido” “debió estar en segundo lugar, y ‘Temperatura obscena’ pudo iniciar el libro, ya que si el volumen inicia con un poema experimental gráfico titulado ‘Horizonte’ que pudo, incluso, ser la portada del libro, como simple coherencia marítima, bien podría seguir el poema ‘Desde la playa’.

“Así las cosas, y respetando el gusto de la poeta, tenemos una imagen invertida, nada divertida del amor; en estos Castillos de arena está primero el desamor y después el amor recuperado; es válida esta dialéctica del decepcionado amor, pero para mi particular gusto, tengo el agrado de amar primero y decepcionarme después. Pero es un asunto de gustos y enfoques”. En sus poemas, los anteriores y el de hoy, agregó Oviedo, se encuentra el amor y sus desvelos, poemas insertados en la cotidianidad presente del recuerdo.”

El poeta chiapaneco Óscar Wong, sostuvo que Cristina Pérez-Stadelmann aborda una obra lírica cuyo ritmo interno, individual –que concentra y expande la emoción–, genera una métrica, una medida con una tensión vital determinante manifestada con palabras sencillas.

“Tiempo transcurrido”, primera parte integrada por 24 poemas, la poeta concreta una dimensión sensual, sensitiva, que prevalece en la mayoría de sus composiciones poéticas, comentó Wong. “El anhelo, el deseo vehemente por la pareja, el desquiciamiento ante el posible desamor, el miedo a la oscuridad, la ausencia del padre, generan un vaivén sensible, emotivo, a manera de badajo cuya resonancia simula campanadas cotidianas”. Lo interesante, agregó, es el tono vivaz, ligero: la actitud con que la autora estructura sus textos en versos llanos.

En “Temperatura obscena”, segunda parte conformada por 26 poemas, los temas son recurrentes, similares a la primera parte, aunque Óscar Wong advierte que se nota “un mayor vigor, más precisión en las imágenes escuetas, visuales, interconectadas con el contenido”.

Hay, al menos, tres poemas memorables en intención y sencillez: “No me lo puedo explicar”, “Cabeza analfabeta” y “Nos ha unido”; dos más atraen por su lúcida ironía: “Ni a sol, ni a sombra” y “Sapo verde”, consideró el poeta chiapaneco; pero al mismo tiempo reconoció que esta segunda parte de Castillos en la arena “es la más plena, la más convincente, con estiquios plásticos, enunciativos, que conforman atmósferas susceptibles, singulares. La poeta, en algunos momentos, narra, y su canto asume tonos coloquiales, aligerando su expresividad”.

El editor David Rincón destacó que en el libro de la poeta se reúnen soledades, esperanzas y pasiones, descritas con sutileza y a veces con la crudeza necesaria para hacernos sentir nuestra realidad humana.

William Blake decía que existen tres medios a través de los cuales el hombre puede hablar con el paraíso: La poesía, la pintura y la música, “y creo que Cristina en ese libro reúne esos tres requisitos; su poesía tan de buena talla describe lindos, y a veces desolados, paisajes, como lo hacen los mejores pintores y goza de una musicalidad que permite al lector bailar con cada verso que envuelve nuestra mente. En esta poesía encontramos amor y desamor, pero también anhelos y esperanzas”.


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