Los diferentes tonos del azul
IMPEDIMENTO
(81-82)
Primer día.
Las vueltas de tu llave contra la cerradura se convirtieron en uno de esos ruidos que se memorizan. Tus zapatos en medio de la sala, en la cocina o en el cuarto; da lo mismo. Me tropiezo. Entras a tu cama y juego a sombras en el techo. Un conejo mudo o un pájaro de ocho dedos.
Segundo día.
“¿Por qué no duermes”, dijiste una noche en que llovía como si fuera la última vez y no esperaste la respuesta.
Tercer día.
Y tu manía de dibujar flechas mientras hablamos. “¿En quién piensas?”, preguntaste en la última oscuridad ocupada por nosotros.
Cuarto día.
En la computadora abro un archivo. Olvidaste esconder el disco, dice Estela. Y tu manía de salirte con la tuya y tus manos sucias de aburrimiento.
Quinto día.
Arrojaste la llave por debajo de la puerta.
Sexto día.
Olvidaste llevarte el lado izquierdo de mi cama, una camisa blanca y un par de zapatos negros.
Otra vez tropiezo. Tropiezo como el perro ciego
con tus canas
y tus dedos.